Brigadier

Condenado por negligencia e imprudencia cuando dirigía un ejercicio de salvamento de alto riesgo, que propició la invalidez de un soldado al sufrir graves lesiones cerebrales; este ex-militar, consiguió eludir la justicia ocultándose bajo la identidad de un dueño de una relojería. Allí conoció al Reverendo Larios, lejos de miradas indiscretas y un pasado demasiado oscuro.
«La primera vez que entro por esa puerta,con su casaca y ese trato entre educado y frio,reconocí su interés por las piezas militares. Es como esos viejos relojes de la aviación de guerra, fuerte y preparado para soportar las peores condiciones,que ahora se subastan por un puñado de euros», comenta entre trago y trago de Ginebra.

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